Málaga y su torre de la discordia

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Últimamente, se está generando mucho debate en la ciudad de Málaga sobre la construcción de la torre destinada a albergar un hotel de lujo en el dique de levante del puerto de Málaga. No es un debate nuevo, puesto que ya se ha dado en muchas ciudades en los últimos años; pero en Málaga, como todo lo que allí ocurre, tiene un carácter distinto y ciertas particularidades que lo hacen especial. Voy a analizar algunos de los aspectos importantes del proyecto y a dar mi opinión como arquitecto y ciudadano malagueño.

 

En primer lugar, la tipología.

Yo estoy de acuerdo con la tipología de la torre, sobre todo cuando se sitúa en determinados ámbitos urbanos, ya que permite un aprovechamiento muy elevado y eficiente de ese bien limitado: el suelo. En este caso, el suelo donde se ubica es  único, rodeado de  mar y con la ciudad de fondo, por lo que, aprovecharlo intensivamente, me parece coherente. Me lo creo.

Además, su posición adentrada en el mar y su iluminación pueden ser incluso una referencia en la lejanía  para las naves que se dispongan a atracar en el puerto, como lo hacían los faros en la antigüedad, lo que le daría cierto toque romántico: un edificio contemporáneo haciendo labores de edificios del pasado. Estoy rizando el rizo, pero me lo puedo creer.

En segundo lugar, el paisaje.

Más que paisaje, un concepto bastante complejo,  yo lo describiría como la relación de la torre con la ciudad y viceversa. Hay muchas voces a favor de preservar el skyline de Málaga y no alterarlo y otras que apuestan por que se actualice su relieve y se renueve la imagen de la ciudad. Evidentemente, la actuación conlleva un cambio importante en la percepción de la ciudad, en la que un elemento arquitectónico pasará a formar parte del horizonte cotidiano de la urbe. Ahora bien, ¿esto es bueno o es malo?  Yo diría que no es malo, simplemente.

Esta construcción diseñada por el prestigioso Estudio Seguí (35 plantas, 135 metros de altura, forma elíptica, fachada más o menos sobria y sin grandes alardes formales), se inserta en el dique de levante del Puerto de Málaga, en un contexto urbano donde parece propicio llamar la atención, con una noria que la secundará (lo de la noria daría para otro artículo en sí). Su tamaño podría ser bastante más pequeño, es cierto, aunque no creo que entre en competencia con la catedral ni con los edificios emblemáticos del centro histórico. Será un hito muy reconocible y presente en la ciudad, imposible de eludir; pero yo pienso que hay una distancia suficiente con el resto de la ciudad para que exista cierta convivencia entre la parte nueva construida y la parte urbana consolidada.

Su presencia, más que desde el centro de la ciudad, se percibirá desde la lejanía, sobre todo desde los puntos costeros de la bahía de Málaga y desde sus miradores, donde será muy visible. Esto parece que le genera muchos problemas a algunos, pero a mí no me parece tan grave, me parece más discutible la razón por la que se llega a esta altura.

En tercer lugar, el uso.

Hasta ahora, todo iba más o menos bien: tenemos la tipología y el paisaje medio comprados, pero cuando llega el uso, la cosa se tuerce… ¿! Otro Hotel!?  ¿No habrá suficientes hoteles en Málaga y su provincia como para poner uno que se vea desde Torremolinos? Ah no, es que éste hotel es de gran lujo, eso lo cambia todo. Queremos atraer a un turismo con un alto nivel adquisitivo para ampliar la oferta que se da en Málaga, cambiar el modelo de turismo que se da en la ciudad… Aquí, sinceramente, no le veo mucho sentido a la propuesta ni a las razones que se dan para realizarla.

En toda la Costa del Sol  e incluso en Málaga capital, hay una oferta hotelera de lujo lo suficientemente amplia, como para no tener que ocupar un lugar más que privilegiado en Málaga con otro establecimiento más. De hecho, se acaba de inaugurar el hotel Miramar de 5 estrellas (del mismo arquitecto, por cierto), pero parece ser que no es suficiente, hace falta aislar una parte de la ciudad y destinarla a un resort de calidad para que los turistas de calidad no tengan ni siquiera que mezclarse con el pueblo merde-des-gens1.

Es verdad, que no sólo se plantea el uso hotelero, sino que se complementa con uso comercial y hostelero; pero el hotel representa aproximadamente un 75% de los metros cuadrados sobre rasante del complejo, lo que me parece demasiado. Un edificio de usos mixtos de carácter horizontal, que se pueda recorrer junto con un elemento vertical menos prominente me parece una buena opción, aunque un edificio de esta índole no se resuelve en varias líneas, sino con muchas horas de dedicación.

En cuarto lugar, la economía.

Es el último aspecto que he querido tratar, pero no el menos importante, sino todo lo contrario. Cualquier propuesta que se hace, tiene que ser respaldada económicamente, y ésta no iba a ser menos.

La propuesta nace de la Autoridad portuaria, que lleva mucho tiempo queriendo hacer algo con estos terrenos. Entonces, se convoca un concurso internacional en el que se proponga qué hacer con esos terrenos y en el que las propuestas tienen que estar financiadas por una entidad privada o fondo de inversión. Es decir, me resuelven el problema de qué hacer y encima no me tengo que gastar ni un euro, genial.

El concurso es un poquito particular, ya que, entre otras muchas particularidades que lo hacen más bien restringido, para presentarse hay que poner 1,8 millones de euros de aval. Y así, de esta manera tan oportuna, los petrodólares desembarcan en el puerto de Málaga.

Evidentemente, estos señores no van a respaldar una propuesta que no sea interesante para su bolsillo, con lo que la actuación tiene que tener una edificabilidad muy alta (rascacielos) y un uso apropiado para poder rentabilizarla en 35 años (hotel), todo cuadra. A estas alturas, uno se plantea ¿La forma del proyecto viene dada por las necesidades del programa o es la pasta la que marca la forma y las características del mismo?

A favor de la propuesta, se dice que va a generar unos 1280 puestos de trabajos durante la construcción y 350 trabajos cuando se ponga en marcha, que va a recaudar 15,5 millones de IBI durante la concesión (443.000€/año), que va a proporcionar ingresos por Actividades Económicas  y que van a pagar 870.000€/año al Puerto. Que se genere riqueza y empleo me parece estupendo, es más, incluso necesario. Pero todo no vale con esta excusa ¿O sí? Me vienen a la cabeza una multitud de actividades que generan puestos de trabajo, recaudan dinero y no por ello son el modelo a seguir.

A mí me da la impresión que la ciudad está mancillando uno de sus espacios con más valor arquitectónico para que un grupo empresarial (Andalusian Hospitality II) se coma el pastel y nos reparta las migajas. Esto me da muchísima pena.  ¿Habría alguna otra posibilidad de generar empleo y productividad y que a la vez sea interesante para la ciudad?¿Es esto lo que le hace falta a Málaga en ese enclave?¿Qué pasará después de la concesión con este edificio?

En fin, me surgen muchas preguntas, para las que desgraciadamente no tengo respuestas. Pienso que la propuesta es errática desde el planteamiento, con lo que la solución está condenada desde sus cimientos. Yo agradecería una ciudad, que apostase menos por el turismo y más en otras actividades productivas tanto para la economía como para la sociedad. Todo tiene un límite y el del turismo está llegando. No tengo nada en contra del sector terciario, es una fuente de ingresos importante y no hay que descuidarla, pero tampoco hay que llevarlo hasta el extremo de convertir la ciudad en un parque temático por y para los turistas.

Espero que mi opinión le haya servido para algo, o por lo menos, no le deje indiferente.

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